lunes, 11 de marzo de 2013

De bombas G e infidelidades


Todo empezó con una broma. "Eres mi toy boy" le dije. Y él se giró y me dio la espalda toda la noche. "Vaya, la he cagado" pensé.
A la mañana siguiente, junto a la erección matutina, le volvió el cariño y entre arrumacos le dije que había sido un chiste.

"¿Te comparto con alguien?" Me preguntó.

Vaya, qué inapropiado, pensé, pero me vi en la obligación de contestar con la verdad:

"No"

Aunque eso supusiera confesar que no me interesan otros hombres ni otras manos.

"Pues tú a mí sí"

Y sentí cómo la acogedora cama del hotelito de la sierra se convertía en esto:


Tras el impacto, me sacudí los escombros y sus brazos y corrí a la ducha.
Intentar esquivar a alguien en una habitación de hotel no es fácil. El baño, el balcón (¿cuántos cigarros puede fumarse una antes del desayuno sin desmayarse?)... No hay mucho más. Parecía una gata a la que acaban de de dar un baño, escurriéndome por las esquinas, pegada a la pared intentando no ser vista y espiando de reojo, dispuesta a repeler cualquier amago de acercamiento.

En este punto diré que la confesión no había sido precisamente una sorpresa. Los indicios los tenía, e incluso algunos los he comentado en el blog.

Como aquella vez que le dije que no se me daba bien usar el sacacorchos:
"Pero cuando trabajabas en el restaurante tendrías que abrir muchas botellas"
"¿Cuándo he trabajado yo en un restaurante?"
"ehhhh... ¿Unas patatitas?"

O aquella otra noche en la que sonó el telefonillo a las 3 de la mañana, y él con fingida indignación y notable nerviosismo exclamó:
"hay que ver, la gente está loca"
Nene, que a lo mejor están evacuando el edificio. Si te suena el telefonillo a horas intempestivas, lo contestas... a no ser que ya sepas quién es, claro.

Lo que pasa es que si a todas nos vas diciendo que siempre somos bienvenidas en tu casa, tarde o temprano alguna se lo va a tomar en serio. (Nota mental: nunca intentes darle una sorpresa de esas con gabardina y nada debajo).

Pero no era el tema de la infidelidad lo que me molestaba (¿quién soy yo para hablar de cuernos?) sino el que me lo contara alegremente y sin pedírselo justo después de enfadarse conmigo porque yo no le tomaba en serio... A mí me da que en la ecuación salgo perdiendo.

Debería haber accedido a sacarme una foto (porque seguimos de turismo toda la mañana, superapropiado) para ponerla al lado de "gilipollas" en la enciclopedia. Y él todo el tiempo con sonrisilla incómoda de "la he jodido, a ver cómo salgo de ésta".

 Y aquello no había hecho más que empezar.

(continuará)

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