domingo, 3 de febrero de 2013

En busca de mi orgasmo


Las cosas con Pepe habían vuelto a la normalidad… O casi. Volvimos a hablar durante la semana, a quedar para ir al teatro el sábado, pero  aún teníamos un escollo por superar: Recuperar mi orgasmo.

Porque el hombre que lee mi cuerpo mejor que yo misma, no logró hacerme ver las estrellas el viernes pasado. No fue culpa suya. A pesar de las palabras bonitas y el “me gustas como un calcetín” yo no confiaba en él. Seguía dolida, y así, no hay malabares ni cabriolas que me hagan disfrutar del sexo.

Pero como no estaba dispuesta a renunciar a sus habilidades, y como la confianza no es algo que se recupere de un día para otro, opté por otro camino, por un cambio de perspectiva. En lugar de mirar a Pepe como un hombre con quien compartir mi vida, decidí mirarle sólo como un hombre con quien compartir mi cama (la suya, en este caso). Si acercarme a él me había hecho daño, tal vez alejarme de él solucionara el problema.

- Yo creo que hoy tampoco lo vas a conseguir
- ¿Por?
- Pues porque creo que lo que te impidió llegar al orgasmo el otro día sigue ahí. No ha desaparecido

(Vaya, me conoce mejor de lo que pensaba)

- Sí, sigue ahí. Pero hoy es distinto
- ¿En qué?
- He cambiado la perspectiva
- No te entiendo
- Da igual

Ya sé, la comunicación no es nuestro fuerte, pero funcionó. Vaya que si funcionó. Welcome back, my dearest friend.

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