Las cosas con Pepe habían vuelto a la normalidad… O casi.
Volvimos a hablar durante la semana, a quedar para ir al teatro el sábado,
pero aún teníamos un escollo por
superar: Recuperar mi orgasmo.
Porque el hombre que lee mi cuerpo mejor que yo misma, no
logró hacerme ver las estrellas el viernes pasado. No fue culpa suya. A pesar
de las palabras bonitas y el “me gustas como un calcetín” yo no confiaba en él.
Seguía dolida, y así, no hay malabares ni cabriolas que me hagan disfrutar del
sexo.
Pero como no estaba dispuesta a renunciar a sus habilidades,
y como la confianza no es algo que se recupere de un día para otro, opté por
otro camino, por un cambio de perspectiva. En lugar de mirar a Pepe como un
hombre con quien compartir mi vida, decidí mirarle sólo como un hombre con
quien compartir mi cama (la suya, en este caso). Si acercarme a él me había
hecho daño, tal vez alejarme de él solucionara el problema.
- Yo creo que hoy tampoco lo vas a conseguir
- ¿Por?
- Pues porque creo que lo que te impidió llegar al
orgasmo el otro día sigue ahí. No ha desaparecido
(Vaya, me conoce mejor de lo que
pensaba)
- Sí, sigue ahí. Pero hoy es distinto
- ¿En qué?
- He cambiado la perspectiva
- No te entiendo
- Da igual
Ya sé, la comunicación no es nuestro fuerte, pero funcionó.
Vaya que si funcionó. Welcome
back, my dearest friend.
No hay comentarios:
Publicar un comentario