miércoles, 16 de enero de 2013

Soy un cliché


En uno de esos arrebatos de euforia que me dan cuando no he dormido y tengo mucho que hacer, después de mis clases matutinas y una visita a mi médico de cabecera (mi cuerpo indestructible parece que quiere dejarme mal ante todos aquellos con los que presumo de que nunca enfermo), me he pasado por el Carrefour para rellenar la despensa.
Sin pensar mucho, he deambulado por los pasillos cogiendo lo que creía conveniente, y cuando estaba a punto de pasar por caja, me ha dado por echar un ojo a mi compra:

Una botella de ron
3 botes de aceitunas
9 latas de comida para gatos

Igual soy un poco paranoica, pero esto es lo que me ha parecido ver reflejado en los ojos de la cajera:


He espiado a derecha e izquierda para asegurarme de que nadie estaba mirando y silbando discretamente he dado media vuelta y he rellenado la cesta con comida sana sin preocuparme si quiera de cómo iba a cargar con ella hasta casa.

Antes la escoliosis que el deshonor.




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