En los últimos tiempos “full stop” es la expresión favorita
de Linda, aunque la verdad sea dicha, le cuesta menos decirlo que ponerlo en
práctica, después de un año de rupturas y falsas esperanzas con su ex que
siempre que reaparece la deja un poquito más triste y queriéndose un poquito
menos. “Do as I say, not as I
do” que dicen los británicos.
Pepe me decía por SMS que me echaba de menos y yo, que me
había impuesto la ley del silencio para no recaer, al final le tuve que
reconocer que yo también a él. Pero casi tres semanas de darle vueltas al tema
(porque me he puesto bastante obsesiva, la verdad) me han abierto los ojos, y
aunque doliera y costara, o encontrábamos una solución a nuestros problemas, o
habría que ponerle un full stop. Si algo tenía claro es que no quería meterme
en la espiral destructiva en la que se encuentra Linda. Era hora de meterle
cabeza, y no corazón, al asunto Pepe.
Hoy, que habíamos quedado para hablar por la tarde, se ha presentado por sorpresa en mi casa por la mañana, arruinando mi plan de crearle
una impresión visual inolvidable (medias desafiando al frío y push up del Primark) de nuestra reconciliación o último encuentro. Tal
vez el plan no haya fracasado del todo y realmente le sea imposible olvidar la
imagen de una Beli en pijama y bata de invierno, con los pelos de punta y los
ojos llenos de legañas, pero no era eso precisamente lo que yo tenía en mente.
Sea como sea, lo importante es que hemos hablado, cara a
cara, y nos hemos dicho las cosas que nos teníamos que decir, que para mí no es
un asunto al que esté muy acostumbrada ni se me dé especialmente bien.
Me imagino que si Cupido dirigiera el cotarro en el juicio final, nada más llegar a las puertas del cielo me diría: “Usted tiene varias denuncias por hermetismo emocional” y me condenaría sin posibilidad de apelación a los infiernos del amor: la soledad eterna.
Mis parejas siempre se han quejado de lo mismo, y Pepe no iba a ser una excepción. Me ha explicado por qué le había dolido el tema del concierto (“parecía como si te diera igual no poder vernos en 15 días después de todo lo que había pasado”) y más importante que eso, me ha dicho que le resulta muy difícil acercarse a mí porque yo siempre llevo puesta una coraza y saco las púas a la primera de cambio. Está bien, ahí le puedo dar la razón.
Pero entonces me ha confesado que si no se ha comprometido más y antes en esta relación es porque nunca sabe lo que pienso, porque nunca le digo nada y para él eso significa que no me tomo en serio lo nuestro, y que nunca le he demostrado que me importa.
Y ahí, movida por la necesidad de ponerlo todo en claro, y un poco por la indiganción, he empezado a hablar (Cupido, toma nota)...
(Continuará)
(Continuará)
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