Él se llama Sergio y ella Arancha. Ambos tienen 14 años
aunque nadie lo diría porque él es un niño con voz de hombre, y a ella de niña
apenas le queda el timbre.
Se sientan uno en frente del otro en clase y cuando creen
que no les veo se dicen cosas y se hacen señas. Yo, claro, tengo que ponerme el
disfraz de profe e indignarme mucho, y echar la bronca, pero en realidad les
sonrío por dentro y me dan ganas de mandarles al parque a hablar de sus cosas y
a ponerse de acuerdo.
Se pelean todo el tiempo y se acusan de no contestarse en el
Tuenti la noche anterior, pero lo que más me gusta es cuando él la mira sin que
ella lo sepa, y cuando Arancha le desafía en silencio y él baja los ojos y se
rinde.
Luego, como es de esperar, llega el examen y Arancha saca un
8 y Sergio un 3, porque claro, con esa carita de ángel delante, a quién le
interesa el present simple y los frequency adverbs. Yo cumplo con mi deber, le
entrego las notas con cara de decepción, le recuerdo que lo puede hacer mejor,
le advierto de la importancia del estudio, de que está desaprovechando su
potencial, del futuro, el esfuerzo… pero en realidad lo que quiero hacer es
abrazarle fuerte y decirle “te van a romper el corazón. Te lo van a romper tanto…”
ojalá alguien me lo hubiera dicho! pero supongo que aún así no hubiera hecho caso
ResponderEliminarLa vida sería mucho más aburrida si no nos permitiéramos estrellarnos de vez en cuando. Que te rompan el corazón es un derecho, supongo.
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